Cómo desarrollar las habilidades sociales en la infancia

Las habilidades sociales son aquellas que usamos cada día para interactuar y comunicarnos con las demás personas. De entro de ellas tenemos la capacidad de comunicarnos verbal y no verbalmente, es decir, nuestras expresiones y gestos, nuestro lenguaje corporal o las palabras…Dichas habilidades son esenciales para que una persona tenga relaciones positivas con los demás, lo que es fundamental para hacer amistades, por ejemplo.

Las habilidades sociales adquiridas durante la infancia facilitan u obstaculizan, según sea el caso positiva o negativamente, esas relaciones interpersonales y la conducta con el entorno. Cuando se adquieren habilidades sociales positivas se logra expresar sentimientos, opiniones y conductas adecuadas a cada situación, y lo contrario genera situaciones de conflictos, desacuerdos y controversias que no ayudan a resolver problemas inmediatos.

La etapa preescolar y de escolarización es determinante para iniciar las habilidades sociales, ya que es el momento de inicio en el proceso de socialización de los niños, y no todos tienen la misma capacidad para salir airosos de ese proceso. Sin embargo, no siempre tenemos claro cómo ayudar a los niños a adquirir ese tipo de habilidades o muchas veces pensamos que son habilidades que se adquieren con el tiempo de manera espontánea…y esto no siempre es cierto. Por eso, en este artículo, detallamos algunas claves con las que ayudar a padres y maestros a potenciar las habilidades sociales de los niños cuando sea necesario.

 

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Ideas para ayudar a los niños a sociabilizar

 

  • Hacer que los niños desarrollen su conciencia de las normas sociales y que dominen al mismo tiempo habilidades sociales específicas, como pueda ser dejar hablar a los demás, respetar los turnos, aprender a razonar…etc.
  • Enseñarles a relacionarse adecuadamente con los demás niños y a ser empáticos, también con los adultos, sobre todo en momentos como una conversación o un juego en casa o en el parque.
  • Dotarles de técnicas para el desarrollo de las amistades, como la capacidad de compartir, de empatizar o de ser creativos y tener un gran sentido del humor.
  • Ayudarles a comportarse de manera apropiada durante el contacto con otras personas, ya sean hermanos, padres, abuelos, profesores o amigos.
  • Utilizar la literatura, a través de fábulas o cuentos para niños, para mostrar a los más pequeños situaciones en las que haya que entrar en contacto con los demás y responder a situaciones sociales específicas.

 

El adulto como modelo de aprendizaje

Las interacciones sociales no siempre se desarrollan sin problemas de manera espontánea y natural, y a veces se precisa de estrategias adecuadas, como la resolución de conflictos cuando surgen dificultades. También es importante que las personas tengan mucha “empatía” como hemos señalado anteriormente, que es esa capacidad de ponerse en el lugar de los otros y de ser capaces de comprender sus sentimientos, y en esto sin duda juegan un papel muy importante los adultos.

De acuerdo con la teoría del aprendizaje social, cuando una conducta es seguida por una aprobación o consecuencia positiva, el niño aumenta la frecuencia de su comportamiento. Por eso es importante elogiar y aprobar conductas de respeto hacia los otros que manifiestan los niños a una temprana edad, como la de esperar el turno, dar las gracias o compartir los juguetes, ya que es una forma de reforzar conductas sociales positivas en los niños. En este punto es importante tener presente que los niños en su primera infancia aprenden por imitación, por lo que es una buena idea resaltar conductas en nosotros mismos que creamos de importancia cuando estemos con los peques. No se trata de enseñar valores, sino de ponerlos en práctica para que ellos puedan observar la conducta que consideramos más apropiada en cada caso.

 

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También hay que tener en cuenta que la crítica y las amenazas no resultan positivas para reforzar las habilidades sociales y que es necesario incentivar el comportamiento voluntario de los niños para crear relaciones positivas con su entorno, lo que resultará muy importante a largo plazo. Los educadores (ya sean padres, abuelos o maestros) pueden facilitar situaciones determinadas para que el niño/a se vea en la necesidad de desenvolverse públicamente y seguir las normas sociales, como esperar el turno en el parque, pero es fundamental que los niños adquieran dichas herramientas poco a poco para desenvolverse por sí mismos. No debemos olvidar, en cualquier caso, que no se debe intervenir de manera directa en las reuniones de niños de la misma edad, pues es ese el momento propicio para la espontaneidad y la adquisición de las competencias sociales propias fundamentales para la vida.

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